Arrepentidos

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El arrepentido

De todos los tipos humanos, el del arrepentido es, con toda probabilidad, uno de los más peligrosos.

¿Qué es un arrepentido? Fácil. Es alguien que luchó por una causa, que defendió unas ideas, que defendió un estilo de vida, y a quien las circunstancias de la realidad o de la vida lo llevaron, tras un proceso paulatino o, más comúnmente, mediante alguna clase de revelación o insight súbito, no sólo a renunciar sino también a renegar de todo aquello que era central en su vida anterior.

Ejemplos de arrepentidos hay en todas partes y son, por naturaleza, más visibles que otras personas, dado que el arrepentido suele gritar a viva voz su arrepentimiento.

Del amplio menú de arrepentidos que pululan por las calles, hay uno que es bien conocido. Se trata del chorro arrepentido. El chorro arrepentido es aquel chorro que, tras un traumático paso por la cárcel, o tal vez luego de haber perdido a un pariente cercano, entra en razones (por lo general con ayuda del pastor evangélico del penal) y se da cuenta de la execrable vida que llevaba. De allí en adelante, el chorro arrepentido hablará amargamente acerca de su pasado. Considerará que su proceso de transformación es de notable valor humano. Y sobre todo, se convertirá en un defensor a ultranza del orden, de la vía recta y de los valores cristianos. Estará convencido de que el mundo anda de mal en peor, de que la mano dura debe aplicarse desde la más temprana infancia y de que los únicos caminos para evitar el apocalipsis moral de la sociedad se hallan en el endurecimiento de las penas legales y en el amor a dios.

Otra subclase de arrepentido, extremadamente común, es la del amante infiel arrepentido. Esta especie, comúnmente transmutada luego de vivir él mismo, en carne propia, la infidelidad de su gran amor, se caracteriza por denigrar las relaciones casuales y por hablar mal de la liberalidad sexual de sus prójimos, incluso la de quienes eligen voluntariamente y de común acuerdo una vida así. El amante infiel arrepentido afirma haber “sentado cabeza”, y juzga a quienes no lo hacen de poco maduros o, alternativamente, de lacras sociales. Además, muestra un nuevo y profundo fervor por la institución matrimonial, y es de la opinión que la monogamia heterosexual es un bastión necesario para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad.

Qué decir del drogón arrepentido. Todo un caso. Como el chorro, como el infiel, el drogón arrepentido es otro ejemplo típico de nuestra fauna humana, que la emprende contra aquel oscuro objeto de placer que finalmente le ha hecho tanto daño a su vida. El drogón arrepentido, que en sus fervorosos testimonios de días enteros de delirium tremens, visiones espeluznantes y luchas mano a mano con la muerte, no duda en llevarse por delante los derechos civiles de las personas que, a diferencia de él, llevan adelante sin dificultades el consumo de sustancias psicoactivas. “¡Prohibición!” es el lema del drogón arrepentido. “¡Prohibición!” es el grito que levanta y que defiende, con la autoridad moral que le da el “haber vuelto del infierno”.

Y hete aquí, en este último punto, el argumento más poderoso del arrepentido. El implacable “yo ya lo viví”. El “vengo de ahí y sé lo que te digo”, que tan irrefutable le resulta y que lo enceguece, impidiéndole ver más allá de su ombligo, dejándolo incapaz de discernir entre su triste experiencia y la experiencia de los otros. Porque el arrepentido, sobre todas las cosas, es alguien que no sabe que él no es el mundo. Es, como diría Freud (ya ven, apelo al psicoanálisis cuando se me canta), una formación reactiva andante. Alguien a quien la realidad afectó tanto, que hoy es incapaz de toda reflexión. Alguien temeroso. Temeroso de su propio deseo, que sigue ahí esperándolo como un perro rabioso, y temeroso de los demás, que le recuerdan día a día, en cada momento, este amargo y delicioso deseo.

Por último, una breve mención a quien es, sin lugar a dudas, uno de los arrepentidos más folklóricos y virulentos. Hablo del comunista arrepentido. El comunista arrepentido, que en su juventud defendió la revolución bolchevique y la cubana, que pintó paredes, insultó a los militares, habló de expropiaciones y de reformas agrarias, y que hoy, por el contrario, se refugia en el discurso filo-republicano, seudo-liberal, para desvalorizar o, incluso, oponerse, a los avances populares en materia económica y social. El comunista arrepentido, ese que un día fundó una cooperativa y, al primer contratiempo, comprobó la naturaleza holgazana y maligna de los seres humanos. El comunista arrepentido, que, con dudosa honestidad intelectual, equipara el desastre de las dictaduras pro-soviéticas del siglo XX con el fracaso de la idea misma de socialismo. El comunista arrepentido, que, inconfesablemente resentido por no haber podido hacer la revolución él mismo, inconfesablemente resentido por formar parte de una generación fracasada, una generación cuyos hombres y mujeres valiosos están muertos, y de la que el comunista arrepentido no es más que un residuo devaluado, alguien que, en todo caso, no luchó tanto como otros, alguien que, tal vez, no estuvo a la altura moral a la que debió haber estado, hoy, sin embargo, y quizás justamente por ese resentimiento, es el defensor más convencido y enérgico del sistema social injusto en el que vivimos.

2 pensamientos en “Arrepentidos

  1. Mmm no estoy seguro que los que describís sean arrepentimientos. Más bien parecen conversiones: como la del pagano que luego de convertirse al catolicismo con el poder de la inquisición tortura a sus antiguos compañeros. O la del fumador que luego de dejar de fumar se vuelve el más terrible perseguidor de todos los que disfrutan del humo y el fuego.

    Yo no creo que eso sea arrepentimiento. Arrepentimiento me lo imagino cómo algo más básico. Estilo el hombre que manejando borracho choca un nene y después vive toda su vida con culpa. O el hombre que engaña a su mujer y lo descubren y se arrepienta de haber ido a "ese telo y no a otro".

    Te dejo con una frase que debes conocer: "El arrepentimiento es un asco".

    No se si estoy de acuerdo del todo con Fede pero no parece ser un sentimiento muy productivo.

    Saludos!

  2. Che, tenés razón, perfectamente podía haberse llamado "Convertidos" o "conversos" el post.
    Ojo, que quede claro que la idea del post no es plantear el eslogan boludo "Viví tu vida, no te arrepientas de nada". Algo así es tan irreflexivo y patético como la postura del arrepentido.
    Yo creo que si la figura del converso, que vos tan bien planteás, se parece tanto a un arrepentimiento, es porque se trata en todo caso de una acción defensiva, negativa. Hay algo que no se puede manejar y entonces se lo tapa con un repentino odio y con una oposición radical a eso mismo. Además, también hay una culpa exacerbada.
    Por supuesto que no hay un arrepentimiento genuino sino una inhibición muy gruesa, muy limitante.
    Lo que busco destacar en este post es que esta gente convertida o arrepentida, más allá de si logra o no solucionar sus problemas mediante la conversión, termina siendo, desde un punto de vista social, muy nociva.
    Si su conversión les ayuda a superar problemas personales, felicito a esta gente y no me meto en su vida. Pero cuando la conversión los lleva a manifestarse públicamente y a ser activistas de la prohibición, me toca a mí salir a deconstruir su conversión y a oponerme ferozmente a sus propuestas.
    Abrazo!

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