Comunista cultural

En el blog “Los futuros del libro“, Joaquín Rodríguez (de aquí en más, JR) publicó un artículo a propósito del FCForum, llamado “Observaciones sobre la cultura libre”. Si pueden, léanlo para que se entienda lo que viene después.

http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2011/10/26/133890

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Sigamos.
La cuestión es que leo el blog de JR desde hace tiempo, y el tipo siempre me pareció alguien razonable en cuanto a su enfoque de los cambios culturales que se están dando. Para que se hagan una idea, utiliza licencias CC, escribió un libro sobre Wikipedia, apoya a Bookcamping. En otras palabras, no podemos decir que sea un garca.

Sin embargo, el post que acabo de citar me hizo saltar la vena y se armó debate en los comentarios. A continuación, el intercambio:

Yo:
Hola! He leído con atención el post y me parece interesante tu postura sobre la tensión entre copyright y cultura libre. Sin embargo, me gustaría hacer algunos comentarios críticos:
1 – Si el copyleft se vale del copyright para establecer libertades, es porque no hay otra forma legal de establecer estas libertades. Es, en cierto sentido, una especie de argucia legal que inventaron los desarrolladores de software para permitir la reproducción de sus obras sin necesidad de permiso previo y, sobre todo, para evitar que otros se apropien de las obras derivadas (la famosa cláusula “Share alike”). Es decir que el copyleft nace como respuesta de la comunidad a la ley vigente.
2 – Es muy discutible la afirmación de que los creadores deberían ser “libres” de elegir entre usar copyright o copyleft. Hay un argumento muy utilizado por los defensores del copyright, el cual dice que sería autoritario prohibir las licencias propietarias. Para los defensores de este argumento, el autor debe ser libre de elegir si quiere prohibir o no la reproducción de sus obras. Es decir, si le quitamos al autor su derecho a prohibir algo, estamos avanzando sobre sus libertades. Yo creo que este argumento es, al menos, discutible.
3 – Por último, hay muchas comunidades y organizaciones que están planteando, justamente, redefinir la idea de propiedad intelectual y de derechos de autor. Para esta redefinición, ponen sobre la mesa otros derechos que entran en conflicto con los anteriores, como el de acceso a la cultura y el de libertad de expresión. Poner en cuestión las leyes de propiedad intelectual implica, tal vez, formular nuevas leyes que “prohiban prohibir”.

JR:
Gracias por tus comentarios, que me parecen desacertados, en cualquier caso:
1. Copyleft es copyright, sin argucias ni manipulaciones. Lo dice claramente el texto de la Ley de Propiedad intelectual: TÍTULO PRIMERO
Disposiciones Generales
Artículo 1. Hecho generador
La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación.
Artículo 2. Contenido
La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley.
2. Invocar una limitacion de la propiedad intelectual por el derecho de acceso general e irrestricto sería tanto como decir que, ya que todos tenemos hambre, tres veces al día, las panaderías y las cafeterías deberían abrir sus puertas sin restricciones. Eso sí: todas aquellas obras que hayan sido financiadas con fondos públicos, proyectos de investigación, etc., deben estar estrictamente sometidas a un principio de transparecencia y circulación que no tienen por qué tener las obras que hayan sido creadas de manera privada e independiente. En este último caso, no puede ni cabe violar el principio básico de la propiedad intelectual.

Yo:
Joaquín, creo que no se entendió bien mi comentario anterior.
Estoy completamente de acuerdo contigo en que copyleft es copyright. Copyleft es una forma (ingeniosa, por cierto) de utilizar el copyright. Eso está claro. El copyleft es la mejor licencia que encontraron los defensores de la cultura libre para operar dentro del marco legal vigente.
Sin embargo, tal como decís vos con respecto a las obras huérfanas, en este caso también es posible pensar otros marcos legales distintos al vigente.
Tu argumento de la panadería es inexacto. La propiedad de las ideas es esencialmente distinta a la propiedad de las cosas físicas. Esto es así porque las cosas son distintas a las ideas: mientras que las cosas son escasas, las ideas se pueden reproducir al infinito sin afectar el original. Por esta razón, yo puedo estar (y de hecho lo estoy) en contra de que las multitudes entren a las panaderías a llevarse bizcochos, y simultáneamente estar a favor de la libertad para reproducir, difundir y reelaborar las obras intelectuales.
Mi intención no es convencerte de mi postura. Simplemente mostrar que hay quienes creemos posible discutir el corazón mismo del concepto de propiedad intelectual.
Quienes estamos en favor de la cultura libre irrestricta, conocemos la ley actual. Conocemos su texto y sabemos cómo está definida la propiedad intelectual en dicho texto. Simplemente queremos cambiar dicho texto. Y por esa razón militamos políticamente, por esa razón realizamos eventos y acciones ciudadanas. Porque creemos, sobre todas las cosas, que cambiando ese texto, los autores y la sociedad en general (excepto algunos monopolios) nos beneficiaremos por igual.
Saludos.

JR:
Todo derecho tiene su limitación. El derecho de propiedad siempre tiene como tope el del bien común o, por el contrario, el del daño que pudiera causar el hecho de monopolizarlo. Esto está recogido en cualquier legislación, no es cosa del debate actual. Si bien las ideas, en sí mismas, carecen de protección legal, su expresión formal goza y debe gozar de todos los privilegios de la protección. Corremos el peligro, por eso, de radicalizarnos en posturas antagónicas: las de la industria cultural, que percibe el peligro de la pérdida del monopolio sobre el control de la reproducción y circulación de los contenidos, privilegio de naturaleza esencialmente analógica que encuentra dificultades para pervivir en el entorno digital, y las de los movimientos copyleft, que en función de un silogismo algo inocente: “Todos tenemos Internet; Internet es libre y sirve para copiar; todos somos libres y copiamos libremente”, consideran de obligado cumplimiento la renuncia incondicional al copyright en aras de un supuesto comunismo cultural.Y eso, claro, no es así.

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Si la cuestión terminó acá es porque consideré que ya había sido claro en mi punto de vista y no me gusta mucho trollear en blogs ajenos. Pero como para algo tengo mi blog, acá la sigo.

La postura de JR es la típica de alguien que ha leído a Lawrence Lessig. De hecho, en el libro “Free Culture“, Lessig plantea la relación entre cultura libre y cultura propietaria en términos casi idénticos.

Por supuesto, nadie puede decir que Lessig no sea uno de los militantes más importantes en favor de democratizar la cultura. Y sin embargo, es el mismo Lessig quien aboga (igual que JR) por no radicalizar la postura anti-copyright. Esta cuestión es muy delicada y me gustaría detenerme un momento.

Hay dos maneras posibles de entender este llamado a no defender una postura radical: una ideológica y otra pragmática. En el primer caso, la postura de Lessig y JR sería la de tipos que consideran sinceramente que la cultura libre debería coexistir con la cultura propietaria, y que piensan, además, que el objetivo final de nuestra militancia es simplemente que la relación entre ambos tipos de cultura sea sana y haya una suficiente masa de cultura libre como para no frenar la innovación social, etc, etc. Es muy posible que estos sean sus verdaderos propósitos y, si es así, no estoy de acuerdo.
Por el contrario, a mí me gusta ver el llamado de Lessig a la moderación como el de un tipo sumamente pragmático, que sabe que hoy en día no hay ningún atisbo posible de revolución en este campo, que las fuerzas en pugna son muy desiguales y que la única forma de luchar hoy por esto es con un discurso como el que se lleva adelante en Creative Commons.

CC ha hecho un trabajo descomunal por la cultura libre en todo el mundo, y a pesar de que su discurso sea demasiado poco crítico, opino que en la coyuntura actual todos los que pensamos que debería haber más cultura libre (no importa cuánta) deberíamos trabajar juntos.

Sin embargo, eso no implica de ningún modo tragarse el discurso “moderado” como una afirmación ideológica deseable.

JR me dice: “Si bien las ideas, en sí mismas, carecen de protección legal, su expresión formal goza y debe gozar de todos los privilegios de la protección.” En efecto, la expresión formal de una idea goza hoy de “protección” (a.k.a. monopolio de explotación) legal. Eso es una afirmación fáctica. Lo que no es una afirmación fáctica es que esa expresión formal “debe gozar de todos los privilegios de la protección”. Muy por el contrario, lo que hace JR aquí es dar su opinión. Una opinión con la que yo no estoy de acuerdo en absoluto, por la sencilla razón de que, en mi trabajo, he comprobado que una legislación así no beneficia ni un poquito a los creadores ni (por sobre todas las cosas) a la sociedad en su conjunto, sino únicamente a los parásitos de la propiedad intelectual.

Sólo un hecho: la transferencia de riqueza hacia sectores de ingresos bajos y medios que ha traído la liberación de la cultura a través de la mal llamada “piratería”, es de una magnitud tal que maravillaría a cualquier socialista de las viejas épocas.

Otro hecho: hay áreas enteras de producción económica, como la del desarrollo web, que se manejan casi exclusivamente bajo el régimen de lo que JR llama “comunismo cultural”. Y no les va precisamente mal.

Siguiendo con lo de comunismo cultural, no se entiende bien si lo que le molesta a JR es la idea misma de lo que él denomina comunismo, o si, por el contrario, le molesta que este comunismo sólo sea algo supuesto, no real. En el primer caso, allá él. En el segundo caso, creo que JR debería dejar de ver los intereses de los consumidores de cultura como antagónicos a los de los creadores. De hecho, cada vez más, consumidores y creadores son los mismos. Y aunque no lo fueran, ambas partes tienen los mismos intereses: que haya creaciones y que lleguen a la mayor cantidad de gente posible. Por supuesto que hacen falta recursos para algo así, y es por esto que, cada vez más, se utiliza la financiación colectiva como sustento para la creación. También es por esto que, cada vez más, se eliminan los intermediarios superfluos y, cada vez más, los creadores se comunican directamente con su público.

Vamos, que es perfectamente posible el comunismo cultural. Para esto, por supuesto, debemos contar con artistas no alienados, que comprendan cuáles son sus verdaderos intereses y que no acepten pasivamente el discurso que imponen los lobbies de los parásitos del copyright.

Artistas que, en lugar de temerle a su público, entiendan que la creación es necesariamente un hecho social. Artistas que, en lugar de tragarse el sueño imposible que les vendieron de la fama y la riqueza, se atengan a lo que de verdad quieren crear y pongan en marcha los mecanismos para hacerlo.

Mecanismos hay, recursos hay, y la cultura va a estar más viva que nunca si, como ciudadanos, aprendemos a usarlos. Y, sobre todo, si nos animamos a hacerlo.

Un pensamiento en “Comunista cultural

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