Deconstruyendo a Nacho

Hace unos días, Ignacio “Nacho” Martínez, escritor, editor, presidente del departamento de cultura del PIT-CNT, publicó en la revista Voces una invectiva que se titula “Ataques contra los autores“. Nacho, para quienes no lo conocen, es parte de una camada de antiguos artistas progres que con el paso de las décadas sucumbieron a las contradicciones ideológicas más flagrantes y hoy son los principales lobistas de la propiedad intelectual.

Diremos, para resumir, que el artículo es un panfleto contra Creative Commons, la cultura libre y la “piratería infame”. Para entender mejor el contenido y el tono rabioso de la nota de Nacho, hace falta tener en cuenta que, desde hace unos 15 o 20 años, con la masificación de Internet, él y sus compañeros de era decidieron encarar el asunto de las nuevas forma de acceso a la cultura como un ataque directo a su casta. Ignorantes de las implicancias de las tecnologías digitales, emprendieron la estrategia del llanto, y encontraron que este llanto les resultaba coyunturalmente provechoso para aumentar la represión contra cualquier forma de producción cultural que saliera de su control y contra cualquier vía de acceso que no pasara por su supervisión.

La nota en Voces es una de las muestras más descarnadas de las contradicciones de Nacho. Arranca así:

Creative Commons (CC) emitió un Comunicado el 20.9.2017 atacando el posible tratado sobre Derecho de Autor entre la Unión Europea y el Mercosur porque apuntan a (…) extender el plazo del derecho de autor.

El comunicado de CC al que Nacho hace referencia es en realidad un análisis que está disponible en este enlace. Como se puede leer desde la primera línea, el análisis que hace CC no se refiere a ningún tratado de derechos de autor, sino al capítulo de propiedad intelectual del Tratado de Libre Comercio Mercosur – Unión Europea. Este TLC se viene negociando desde el año 2000 y fue históricamente rechazado por los movimientos sociales y sindicales. Es más, Nacho debería estar enterado de que el PIT-CNT, del que él forma parte, es un firme opositor de tratados de libre comercio como este. Estos tratados refuerzan el rol de los países menos desarrollados como productores de materias primas y consumidores de bienes elaborados. A través del endurecimiento de la propiedad intelectual, dificultan la apropiación y generación local de conocimiento y cultura, y hacen aumentar el pago de regalías por derechos de autor, patentes, marcas y denominaciones de origen a la industria multinacional. El documento de CC analiza y cuestiona un aspecto de esta injusticia, referido al endurecimiento del derecho de autor y su impacto sobre los derechos culturales. Y lo hace de manera muy clara, cuestionando un conjunto de puntos: la extensión del plazo de derecho de autor, la falta de excepciones obligatorias para proteger el interés público, las imposición de barreras al uso de licencias libres a través de remuneraciones obligatorias a los titulares de derechos, la criminalización de la elusión de medidas tecnológicas de restricción aún en los casos en los que esa elusión es justificada, la introducción de órdenes judiciales preventivas contra infracciones “inminentes”, y la falta de transparencia de las negociaciones del tratado. Pese a todo esto, o, más precisamente, debido a todo esto, Nacho elige pararse a favor del TLC.

Nacho dice:

Uruguay debe aumentar la protección de los Derechos a 70 años después del fallecimiento del autor, unificándolo con todo el Mercosur y con Europa, y no 50 años como es ahora.

CC afirma que aumentar esa protección dañará (…) a los usuarios. ¿En qué puede dañar al público proteger a los autores y sus obras que son la esencia de la cultura de un país?

La respuesta es bastante sencilla, y el análisis de CC lo explica. Si se aumenta 20 años el plazo de derecho de autor, como el TLC busca establecer, miles de obras de más de 500 autores de Uruguay, y de innumerables autores de otros países, fallecidos a mediados del siglo XX, pasarían a estar nuevamente bajo dominio privado en nuestro país. Esto quiere decir que las obras no se podrán digitalizar ni poner a disposición de la ciudadanía para el acceso libre. Tampoco se podrán adaptar, traducir ni redistribuir sin restricciones. Es más, miles de obras ya disponibles en Internet tendrán que ser borradas de manera masiva, lo que se asemeja más a la quema de libros que a la protección de los autores. Pero además, cabe preguntarse de qué manera extender el plazo de derecho de autor de 50 a 70 años postmortem puede proteger a autores que, digámoslo otra vez y de manera más clara, ya están muertos. Por otra parte, en cuanto al deseo de unificar el plazo con “todo” el Mercosur, lamento que Nacho tenga una visión restringida del bloque regional, considerando como socios únicamente a Argentina, Brasil y Paraguay. Bolivia, estado parte del Mercosur en fase de adhesión, comparte el plazo de 50 años con Uruguay, mientras que Venezuela, estado parte temporalmente suspendido por iniciativa de los gobiernos de derecha de Argentina y Brasil, tiene un plazo de 60 años.

Más adelante, Nacho cuestiona la afirmación de CC sobre que el TLC “limitará la capacidad de los estados del Mercosur de construir políticas públicas apropiadas para el ejercicio pleno de derechos fundamentales, tales como el derecho a la cultura y a la educación”. La limitación a las políticas públicas es el objetivo explícito del TLC, cuyo fin es imponer obligaciones regulatorias, limitando la capacidad de los estados de establecer políticas soberanas. Qué tanto esta limitación afectará los derechos culturales en nuestros países puede inferirse de la vehemencia con que los países europeos más ricos buscan imponer estas restricciones para ampliar el monopolio de sus industrias, y de la histórica resistencia de los países del Mercosur a los capítulos de propiedad intelectual de los TLC. Nacho parece conforme con este modelo neocolonial, y confía ingenuamente en que beneficie a los autores de Uruguay.

Los párrafos siguientes son enigmáticos:

CC afirma que mientras que las demandas de los titulares de derechos son completamente atendidas, hay muy poca consideración por los derechos del público.

¿Completamente atendidas con reproducciones ilícitas, con fotocopias, con el monopolio infame de las grandes empresas mundiales de las comunicaciones que amasan fortunas a costa de los creadores?

La afirmación de CC se refiere, obviamente, al TLC Mercosur – Unión Europea. Es en el borrador del TLC donde las demandas de los titulares son atendidas y los derechos del público no. Pero Nacho, en un giro que siembra dudas sobre su capacidad de exégesis textual, no rebate el argumento basándose en el texto del TLC, sino que se queja, de manera genérica, de las reproducciones ilícitas, de las fotocopias y de los monopolios de Internet. Cambiar de tema y apelar al tremendismo es una estrategia habitual en él y otros lobistas de la propiedad intelectual, pero hacerlo de manera tan burda verdaderamente hace dudar de su capacidad de análisis.

Luego se exalta:

¡Por favor! El sagrado derecho del público a estudiar y a acceder a todos los bienes culturales no es, no debe ser, limitando el derecho de los autores a las justas compensaciones por sus obras que tanto aportan a la cultura del país.

La apelación no sabemos a qué viene, dado que nadie propuso matar de hambre a los autores. Pero además pasa por alto que los titulares de los derechos de propiedad intelectual no son, en la enorme mayoría de los casos, los autores, sino las empresas editoriales, las discográficas y las distribuidoras audiovisuales. Si gente como Nacho pusiera un poco más de interés en mejorar los derechos laborales de los autores o en regular los contratos de edición, en lugar de en la propiedad intelectual, quizás haría un favor más grande a los escritores como él. ¿O será, acaso, que, al ser también editor, a veces sin darse cuenta se para de este lado? Nacho debería saber que los intereses de autores y editores suelen ser opuestos. Le recomendamos, entonces, que defina de qué lado quiere estar.

CC expresa como problema que se requeriría la remuneración obligatoria para los intérpretes y productores de obras musicales. ¿Acaso esto es malo? ¿No es un derecho fundamental recibir remuneración por todo tipo de trabajo?

Exactamente, Nacho. Los intérpretes y productores deberían recibir ingresos por su trabajo. Pero la remuneración obligatoria por la comunicación pública de una obra no es un ingreso por un trabajo sino una renta por la propiedad de un bien inmaterial. Trabajo no es lo mismo que renta. Lo que propone CC es que al menos esa remuneración no sea obligatoria, para que los trabajadores culturales que desarrollan formas de producción cultural basadas en los bienes comunes culturales y en las licencias libres puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones. Nada más que eso. Es muy poquito.

Un párrafo más adelante Nacho ya parece perdido, dado que mezcla caóticamente los argumentos de CC contra la remuneración obligatoria y contra el aumento de plazos:

CC dice que aumentar los años de protección atentaría contra los mismos creadores si la intención del autor es compartir su obra creativa con el mundo de manera gratuita.

Error. Los autores tenemos la plena potestad de decidir qué hacemos con nuestras obras y con nuestros ingresos.

No hay caso: estas dos oraciones no tienen sentido. Lo que dice CC es que la remuneración obligatoria (no el aumento del plazo de derecho de autor) interfiere con el licenciamiento que eligen muchos autores e intérpretes. Y, justamente, al ser una disposición obligatoria, no le deja a los autores la potestad de decidir nada.

El párrafo siguiente lo dedica a ensalzar la generosidad de los autores, contando ejemplos que muestran que “los autores de todas las artes ofrecemos nuestras obras de manera absolutamente gratuita”. Hasta acá no hay nada que objetar, si no fuera porque en seguida nos damos cuenta de que este párrafo funciona solo como palanca para fortalecer el siguiente, que es el núcleo central de todo el texto y, a la vez, el punto más alto de una prosa lírica inigualable:

La piratería infame es lo que hace daño. Querer legalizar el manejo de las obras por parte de terceros, por encima de los derechos de los autores, es enterrar la creación y por ende deteriorar la cultura de un país. La mejor forma de alentar la cultura es proteger y corresponder a todos los creadores. Las políticas culturales y educativas no deben ir jamás en contra de los derechos autorales. Creative Commons está muy lejos de eso con sus conceptos. Ellos son intermediarios, mercaderes del templo imperial cuya sede central se encuentra en Mountain View, en el estado de California, Estados Unidos. La cultura libre que profesan es la menos libre de las culturas.

Gracias, Nacho, por todo lo que nos das. Lo hiciste de nuevo. Somos los mercaderes del templo imperial, queremos enterrar la creación, profesamos la menos libre de todas las culturas. Seguí diciéndolo, no te detengas, no cejes en tu heroico esfuerzo, porque cuanto más lo repitas, cuanto más lo grites a viva voz, más ridículo quedás ante los ojos de una generación que está cambiando la forma de producir y acceder a la cultura, lo quieras o no. Una generación que está peleando para quitarte (pero no a vos en particular, no a vos por encono personal, sino a todos los que ocupan los lugares que vos ocupás y las posiciones ideológicas reaccionarias que vos defendés) los privilegios que hoy disfrutás. Seguí diciéndolo, vamos.

Seguí diciendo, como decís en el párrafo final, en el broche de oro de tu panfleto:

CC puede seguir ofreciendo sus diversas maneras de contratación (licencias Creative Commons). Nadie pondrá objeciones. Son una empresa privada que quiere sacar sus ganancias. Pero debe detener sus ataques continuos contra los derechos de los autores y sus obras porque así lesionan la cultura de nuestro país.

¿Hace falta aclararte, como ya lo hicimos, que las licencias Creative Commons son una herramienta libre, gratuita y autogestionada, promovida por miles de militantes voluntarios de todo el mundo? ¿Hace falta repetirte, de nuevo, que si estamos en contra de los TLC y a favor de una reforma integral del derecho de autor es porque luchamos por un sistema cultural más justo y más igualitario? ¿Hace falta explicarte, otra vez, que nuestra construcción es junto a los movimientos sociales, porque somos un movimiento social más?

Pero dale, seguí negando que somos un movimiento social, seguí mintiendo con que somos una empresa, seguí apoyando los tratados de libre comercio que buscan explotarnos, seguí gritando que odiamos a los autores a pesar de que somos los mismos autores los que promovemos la cultura libre, seguí diciendo que queremos menoscabar, herir, fusilar y enterrar a la cultura. Nadie te va a frenar, porque sabemos que el presente y el futuro de la cultura son nuestros, que finalmente los de tu clase van a perder los privilegios y, cuando así sea, el sistema de la cultura va a ser un poco más justo.

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